Pedir “aval” a la familia para comprar casa es un gran error

Pedir a nuestros padres o familia que nos valen es un gran error,  lo que llamamos aval bancario para pedir una hipoteca nunca debe ser de la familia. Avalar a un familiar no es un acto de amor sino una gran tontería.

El aval es una es una figura perversa. Si un banco desconfía de que se pueda pagar la hipoteca, no debería dar la hipoteca. Cuando el avalista es el padre de una familia con renta media-baja, expone la casa familiar, y corre el riesgo de quedarse en la calle y arrastrar al resto de la familia, puesto que el aval se hereda si el padre fallece.

Pero mucha gente sencilla no entiende lo que significa ser avalista. Cuando avalamos con  nuestra garantía personal a un familiar estamos arriesgando todo nuestro patrimonio, presente y futuro.

El banco, además, suele endurecer las condiciones incluyendo la fórmula del aval solidario, con renuncia a los beneficios de orden, división y excusiónEs decir, que el acreedor no va intentar cobrar la deuda actuando en primer lugar contra el deudor principal y después contra el fiador ni tampoco va a dividir la deuda entre los varios fiadores sino que actuará contra quien estime más conveniente, contra aquél cuya solvencia sea mayor, o simplemente más fácil de convertir en dinero.

Avalar a un hijo no es una buena idea. Ni los bancos deberían aceptar algo así ni la Ley lo debería permitir.

La solución puede ser la fianza tenga una limitación: «Si la solvencia del que pide el préstamo alcanza solo para el 60% del capital pedido para comprar una casa, el familiar puede afianzar solo el 40% restante, de manera que cuando se haya amortizado tal porcentaje se elimine». También se debería hacer, que cuando los padres avalan a un hijo, deben hacerlo constar en el testamento e incorporar la exigencia de pago al que se endeudó para que no tengan que sufrir la deuda el resto de los hermanos.

Por eso se hace necesario que el Estado prohíba de una vez que se pueda avalar con la casa familiar. Y aquí el mismo asunto tratado magníficamente por un notario.

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Publicado por Fernando Hernandez

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